La Luciérnaga Margarita la cigarra Amaranta y el cucarrón Ramón, eran muy amigos y les gustaba jugar juntos.
Un día las mariposas los invitaron a cenar en el campo y a dar un paseo por el río.
Después de nadar y hacer embarcaciones con las hojas de los árboles se sentaron a comer.
Cuando terminaron las mariposas le pidieron a la cigarra que recogiera la basura y que lavara los platos y Amaranta sin protestar hizo todo lo que le pidieron.
La cigarra amaranta, quedó tan cansada que se sentó bajo la sombra de un árbol a descansar y descansar llegaron Ramón y Margarita y le preguntaron:
–¿Tú porque haces todo lo que te piden las mariposas?
La cigarra les respondió:
–!Ellas son tan hermosas que es un privilegio que sean mis amigas!
Cuando Margarita y Ramón le decían que ella también era hermosa, la cigarra no les respondía y pensaba que ella era muy fea y no servía para nada.
Un día las mariposas estaban en un árbol muy frondoso con sus alas abiertas tomando un baño de sol, cuando llego un colibrí y les contó que miles de moscas envidiosas, venían a destruirles las alas, para que no siguieran siendo las más hermosas del lugar.
Ellas se pusieron muy nerviosas y no sabían que hacer, entonces paso la cigarra y al verlas tan alteradas les preguntó:
– ¿Amigas que les esta pasando? Y ellas le contaron que unas moscas envidiosas les iban a destruir sus alas.
La cigarra con un poderoso zumbido llamó a toda su familia y amigos y logró reunir en pocos segundos a más de cien cigarras y les pidió que apenas se acercaran las moscas envidiosas empezaran a zumbar con toda la potencia.
Cuando llegaron las moscas, Amaranta hizo una señal y las cigarras empezaron a emitir un zumbido tan fuerte que las moscas no resistieron y tuvieron que huir del lugar.
Las mariposas saltaban de alegría, abrazaron a la cigarra Amaranta, le confesaron que e se habían aprovechado de ella por ser tan insegura , pero que a partir de ese día se había ganado su respeto, admiración y siempre iban a ser sus amigas.
Ese día Amaranta aprendió que nunca tenía que agachar su cabeza para que otros la aceptaran y a partir de ese día se empezó a valorar y a sentirse hermosa.




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