domingo, 5 de octubre de 2014

LA PULGA QUE SIEMPRE SE QUEJA



LA PULGA QUE SIEMPRE SE QUEJA

 Andrea y  Enrique tenían una familia muy especial, sus cinco hijos mayores eran muy unidos, siempre jugaban, se reían y disfrutaban cada día como si fuera el último que les quedara para vivir.



Pero Luis su hijo menor era diferente,  se quejaba por todo, a él le parecía que a sus hermanos siempre  les daban lo mejor, cuando su mamá servía la comida miraba el plato de todos y decía: -¿Por qué a mí me tocó la carne más pequeña, si les compraban ropa, decía: -¿Por qué a mí me tocó el pantalón más feo, si sus hermanos lo invitaban a jugar y les respondía:- Yo no juego con ustedes porque siempre me hacen  perder-, y se pasaba solo, encerrado en su cuarto,  pensando que el mundo estaba confabulado en contra de él.

 Andrea y  Enrique, ya no sabían qué hacer para que su hijo menor entendiera que la vida había que disfrutarla y que en vez de quejarse tanto, aprendiera a disfrutar cada día.

Un día reunieron a sus seis hijos y les dijeron: hoy empieza un nuevo año, hemos comprado seis bolsas, los marcamos con el nombre de cada uno de ustedes; en ellos vamos a guardar regalos, cuando llegue la navidad; ustedes van a escoger uno de las bolsas; la tienen que subir hasta el árbol; y solo lo pueden abrir la noche de los regalos, en el fondo de la bolsa van a encontrar el nombre del dueño , el juego lo gana el que haya subido su propia bolsa.
Ese año fue diferente para la familia de las pulgas, Enrique y Andrea, bajaban todos los días al sótano a llenar las bolsas y luego cerraban la puerta con llave, para que sus hijos no se enteraran de lo que les estaban guardando.
La víspera de empezar la época de navidad, todos en la familia se sentían ansiosos y el día se les hizo muy largo.
Enrique y Andrea, después de que sus hijos se bañaron y desayunaron los reunieron en el sótano y les dijeron:-Hemos decidido que Luis sea el primero en elegir la bolsa, por ser el hijo menor y queremos que sienta que es muy importante para todos nosotros, sus cinco hermanos estuvieron de acuerdo, porque ellos querían que Luis se sintiera feliz con su familia.
Luis levantó cada bolsa; cinco estaban muy livianas y una estaba muy pesada, y esa fue la que eligió, él pensó que era la que tenía más regalos, como no era capaz de subirla hasta el árbol sus cinco hermanos le ayudaron y se sintieron felices de poder hacer algo con él. Cada uno de los cinco hermanos escogió su bolsa y la subió al árbol sin necesidad de ayuda.





Cuando llegó la noche de navidad; los seis hermanos abrieron sus bolsas, los cinco hermanos mayores encontraron en ella muchas plumas y algunas piedras; pero ninguno  acertó en coger su bolsa; Luis encontró en la suya muchas piedras y muy pocas plumas.

Todos miraron a sus padres muy extrañados y la mamá les dijo: Hijos nosotros decidimos comprar plumas y piedras, y echar  una pluma, cada vez que los veíamos felices, y una piedra si estaban disgustados.

Luis reflexionó mucho al darse cuenta que había sido el ganador, que había escogido su propio bolsa que era la más pesada, y  que sus hermanos en un acto de generosidad se la habían ayudado a subir. Sintió vergüenza de saber que el peso de su bolsa correspondía a su aptitud ante la vida, que no solo hacía sentir infeliz a toda su familia, sino a él mismo.

A partir de ese día Luis cambio su forma de vivir, jugaba con sus hermanos, nunca más sintió que el mundo estaba confabulado contra él;  mamá Andrea y papá Enrique estaban felices de ver como Luis había aprendido a disfrutar la vida y  había entendido que para ellos todos sus hijos eran iguales.













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